Revista Farmespaña Industrial Enero Febrero 2026
asignadas (incluida la figura de la persona responsable, preferentemente farmacéuti- ca, que vela por el cumplimiento, autoriza actividades subcontratadas, coordina reti- radas y gestiona reclamaciones), procedi- mientos normalizados que describan cómo se recibe, almacena, prepara y transporta el producto, y una gestión del riesgo transver- sal, inspirada en ICH Q9, que evalúa de ma- nera sistemática los riesgos para la calidad del medicamento en función del producto, la ruta, la estación, el embalaje, el medio de transporte o los puntos de transferencia. La calidad exige, además, mirar el sistema por dentro con autoinspecciones periódicas, co- rregir lo que no funciona mediante acciones correctivas y preventivas bien documenta- das, y conservar registros íntegros y legibles —calibraciones, mantenimientos, formacio- nes, recepciones, expediciones— durante el tiempo que marcan las directrices. Sin datos fiables y disponibles, no hay cumplimiento demostrable. La preparación del envío sucede en ins- talaciones que también deben mantener condiciones validadas. Un almacén limpio, seco, protegido de la luz y con programas de limpieza y control de plagas documentados constituye el mínimo imprescindible. La se- gregación física de productos en cuarentena, rechazados, devueltos o retirados del merca- do evita cualquier riesgo de contaminación cruzada o confusión. Las zonas de recepción y expedición deben proteger los productos de las condiciones ambientales externas, y los procedimientos de limpieza deben es- pecificar frecuencias, métodos y productos autorizados. La integridad del embalaje se verifica antes de la expedición: cualquier daño visible, precinto roto o etiquetado ilegi- ble debe dar lugar a una investigación antes de liberar el producto. Y todo ello descansa, cada vez más, sobre sistemas informatiza- dos que deben estar validados, con control de accesos, auditoría de cambios, copias de seguridad y capacidad real de restaurar datos. En la era de la trazabilidad digital, la integridad de los datos es la base que permi- te al operador y a la autoridad reconstruir lo ocurrido y tomar decisiones seguras. El transporte, reconocido en el capítulo 9 de las directrices como la fase más vulnera- ble, exige planificación y control rigurosos. El análisis no empieza el día del envío; comien- za con una evaluación de riesgos que con- sidera la ruta, la duración del trayecto, los puntos de transferencia y la sensibilidad del producto. A partir de ahí se elige el acondicio- namiento adecuado —embalaje cualificado que garantice la protección física y, cuando proceda, las condiciones térmicas requeri- das— y se definen límites de alerta y acción que, si se superan, activarán una respuesta concreta. La carga se prepara siguiendo pro- cedimientos documentados: verificación de la identidad del producto, comprobación del estado del embalaje, precintos de seguri- dad, segregación por estados y condiciones, y documentación de la expedición con la información necesaria sobre producto, lote, fecha de caducidad y condiciones requeri- das. La trazabilidad debe permitir identificar, en cualquier momento, dónde se encuentra cada lote y por qué manos ha pasado. Tras la entrega, los registros se revisan y archivan, y cualquier desviación se analiza con método, desde el alcance hasta la causa raíz y la ac- ción correctiva. En un ecosistema donde el transporte se subcontrata con frecuencia, la responsabili- dad no se externaliza. La empresa que con- trata el servicio debe cualificar previamente al proveedor, evaluando su capacidad para cumplir los requisitos GDP mediante audi- torías documentadas. El contrato escrito y el acuerdo técnico de calidad describirán responsabilidades, especificaciones de servicio, requisitos de limpieza de vehícu- los, procedimientos de segregación, obli- gaciones de formación y mecanismos de reporte de incidencias. La formación de los transportistas en los aspectos críticos de su operativa (manipulación correcta, limpieza, identificación de productos sospechosos, actuación ante incidencias) no es opcional, sino requisito del marco regulatorio. Las au- ditorías de seguimiento, basadas en riesgo, verificarán que lo acordado se cumple de manera sostenida. El marco regulatorio insiste en que el me- dicamento solo puede entregarse a destina- tarios autorizados. Este principio, junto con la trazabilidad completa de lotes y la docu- mentación exhaustiva de cada operación, es lo que permite ejecutar retiradas eficaces cuando es necesario y, al mismo tiempo, blindar la cadena frente a posibles falsifica- ciones. Las sospechas de producto falsifica- do se tratan como incidentes de seguridad que obligan a separar físicamente el pro- ducto, documentar lo observado, evitar su distribución y comunicarlo de inmediato a las autoridades competentes y al titular de la autorización. La capacidad de rastrear cada unidad hasta su origen y destino es, en últi- ma instancia, la herramienta más poderosa contra la entrada de productos ilegítimos en la cadena legal. Las personas son la última variable crítica y, a la vez, la primera condición del éxito. Nin- gún procedimiento se cumple por inercia. La guía exige formación inicial y continua en buenas prácticas de distribución, higiene, manipulación segura, identificación de pro- ductos sospechosos, gestión de incidencias y protección de datos. En el transporte, la cualificación de conductores y del personal de almacén, con evidencias de competencia y refrescos planificados, es tan determinante como cualquier control técnico. El personal debe conocer los procedimientos de limpie- za, las normas de segregación, los criterios para detectar anomalías en el embalaje y el protocolo de actuación ante cualquier sos- pecha de falsificación o deterioro. El cumplimiento se demuestra en lo con- creto: una planificación previa que anticipa riesgos, un proveedor cualificado que opera con procedimientos conocidos, un embalaje íntegro que protege el producto, una docu- mentación completa que permite recons- truir cada paso, una limpieza sistemática que evita contaminaciones, una segregación efectiva que impide confusiones y una inves- tigación que, cuando algo falla, explica qué pasó y qué se ha hecho para que no vuelva a ocurrir. Ese es el hilo que une trazabilidad, calidad y seguridad en el transporte de me- dicamentos. Es también la razón por la que es básico contar con sistemas validados, da- tos íntegros y personas formadas: porque sin ellos no hay manera de sostener, en condi- ciones reales, la promesa de que el producto que llega al paciente conserva la misma cali- dad que tenía en el laboratorio. En definitiva, garantizar la trazabilidad, la calidad y la seguridad en el transporte no consiste en acumular exigencias, sino en in- tegrar un método. La GDP ofrece el marco; el operador aporta la disciplina: cualificar pro- veedores, documentar cada paso, mantener la limpieza, segregar correctamente, formar al equipo, investigar con rigor y mejorar con evidencia. Cuando esto sucede, el resulta- do trasciende el cumplimiento: fortalece la confianza del sistema sanitario y protege lo único que no admite atajos, la seguridad del paciente ◉ LOGÍSTICA 59 FARMESPAÑA INDUSTRIAL · ENE/FEB 26
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