Un entorno de complejos retos…
Uno de los desafíos a los que más atención presta la industria en la actualidad es precisamente la resistencia antimicrobiana, señalada como amenaza global por la OMS. Tanto en salud humana como animal, este concepto hace referencia a la pérdida de eficacia de los fármacos contra diferentes patógenos (bacterios, virus, hongos…), que se han adaptado y son capaces de sobrevivir a los tratamientos. Esta situación pone en jaque a cientos de terapias que durante décadas salvaron vidas y agravan o dificultan algunas infecciones, que ahora son más difíciles de tratar. La industria farmacéutica, junto al resto de profesionales sanitarios, juega, por tanto, en este momento un papel fundamental en el fomento de un uso prudente de antibióticos y en la investigación para el desarrollo de nuevas alternativas. Estas tareas parten, entre otras, de la prescripción adecuada para combatir microorganismos concretos, el seguimiento de las dosis y duración correcta de los tratamientos o el monitoreo de su eficacia.
Otro desafío lo marcan los nuevos patógenos y el riesgo zoonótico, o lo que es lo mismo las enfermedades que se transmite de animales a humanos. Porque una de las enseñanzas que dejó la pandemia es que a menudo lo que ocurre en el mundo animal repercute directamente en la salud de las personas. Factores como el cambio climático, la globalización o el crecimiento del segmento de mascotas favorecen la propagación de enfermedades emergentes, que obligan a fortalecer la vigilancia epidemiológica y a invertir en plataformas de investigación capaces de diseñar vacunas polivalentes.
Los costes de innovación y los marcos regulatorios también son en muchas ocasiones otros desafíos importantes de la industria, así como las barreras comerciales de cada país y la presión sobre la cadena de suministro. Avances como las terapias génicas y las vacunas de nueva generación abren horizontes prometedores, pero requieren grandes procesos de aprobación o incluso de comercialización cada vez más largos y exigentes hasta que llegan al consumidor final. Del mismo modo, la tensión comercial internacional que vemos en la actualidad con los aranceles impuestos a la industria por parte de la nueva Administración Trump, además de los retrasos logísticos por problemas geopolíticos que hemos vivido en los últimos tiempos ponen de manifiesto la importante labor de los profesionales del sector, que deben actuar como un garante de calidad, asegurando que la innovación no se quede en los laboratorios, sino que llegue de forma segura, accesible y equitativa a todo tipo de pacientes, en todas las geografías.
Precisamente, la equidad en el acceso a medicamentos completa el mapa de desafíos. Mientras los sistemas de salud buscan abaratar tratamientos, conciliar innovación y accesibilidad es, de nuevo, un terreno donde el criterio y la sensibilidad del farmacéutico en particular y la industria farmacéutica en general resultan insustituibles.
… pero también de interesantes oportunidades
Sin embargo, ante este panorama de complejos desafíos, emergen también oportunidades -a menudo relacionadas- que convierten al presente en un momento apasionante. El enfoque o concepto One Health es, quizá, la más transformadora, pues implica integrar salud humana, animal y ambiental para ofrecer soluciones conjuntas que aborden desde las resistencias antimicrobianas, pasando por la zoonosis o incluso la seguridad alimentaria. Se trata, por tanto de una oportunidad de innovación y negocio, sobre todo para laboratorios que tienen su actividad diversificada, que ahora pueden trabajar de manera integral todos los frentes, aportando un valor diferencial.
Como decíamos, el mercado de los animales de compañía ha crecido significativamente en los últimos años, consolidándose como un sector clave en la economía de España y Europa. En concreto hay registradas 28 millones de mascotas, que están presentes en un 40% de los hogares. Más allá de suponer un desafío zoonótico, el desarrollo de productos y servicios especializados, y una mayor sensibilidad social hacia el bienestar animal, abren un completo abanico de oportunidades a la industria farmacéutica.
La innovación tecnológica y en concreto la Inteligencia Artificial abren también otro horizonte. La IA se aplica ya en todos los eslabones de la cadena farmacéutica: aplicándola tanto como una ayuda en la formulación de nuevos fármacos hasta como un agente de farmacovigilancia, atento a su uso en el mercado. Esto, sin lugar a duda, constituye una ventaja estratégica y una oportunidad no solo para el crecimiento de las compañías vinculadas al sector sino también para una mejor calidad de vida de los pacientes. Además, no sustituye al profesional, sino que potencia su capacidad de análisis y su impacto en la toma de decisiones.
Finalmente, la colaboración público-privada e internacional es cada vez más relevante. Desde proyectos globales contra la resistencia microbiana hasta consorcios para el desarrollo y distribución de nuevas vacunas, el farmacéutico está llamado a desempeñar un papel activo en ecosistemas colaborativos que trascienden fronteras y disciplinas.
Así, el Día Mundial del Farmacéutico no debe entenderse como una fecha señalada en los calendarios de los profesionales de esta industria, sino como una invitación a asumir con generosidad -como decía Camus- la responsabilidad de nuestro tiempo. Darlo todo en el presente significa liderar con valentía la transformación sanitaria, abrazar las oportunidades y afrontar sin temor los desafíos. Porque el verdadero legado de nuestra profesión no se mide en laboratorios ni en cifras de ventas, sino en la salud, la seguridad y la confianza de quienes dependen de nuestro trabajo, que no son otros que nuestros pacientes y, en definitiva, toda la sociedad.
Artículo escrito por:
Javier Sehabiaga Rodriguez
Director Industrial
Labiana