La industria farmacéutica española ha sido tradicionalmente uno de los pilares laborales más sólidos de la economía, un sector donde la estabilidad, la cualificación y el peso industrial se combinan de forma poco habitual en el panorama manufacturero del país. Sin embargo, los últimos datos recogidos en el informe Mercado de trabajo en la industria farmacéutica, elaborado por Randstad Research, confirman que el mercado laboral de esta actividad está experimentando cambios que, aunque discretos a primera vista, apuntan hacia un proceso de transformación estructural.
A estos factores se suma un contexto global marcado por dos factores, por un lado, la incertidumbre geopolítica y los aranceles, que está llevando a algunas compañías a reforzar operaciones en mercados más estables y de gran consumo como Estados Unidos. Por otro lado, las diferencias regulatorias internacionales, donde la mayor agilidad de países como China contrasta con un marco europeo más exigente. Todo ello configura un entorno en el que el sector debe adaptarse a nuevas dinámicas demográficas, reforzar la captación de talento cualificado y mantener su fortaleza en un escenario de creciente competencia tecnológica y normativa.
La cifra global de empleo resume bien este momento de transición. Durante el segundo trimestre de 2025, la industria farmacéutica registró 112.793 ocupados, doce mil más que en el trimestre precedente pero tres mil menos que en el mismo periodo del año anterior. Esa variación interanual negativa del 2,3% rompe por primera vez en años una tendencia casi ininterrumpida de crecimiento. No se trata de un desplome ni de un síntoma de debilidad, pero sí de un giro que invita a interpretar el mercado laboral desde una perspectiva más matizada: el avance trimestral muestra vitalidad; el retroceso anual sugiere ajustes internos tras un ciclo largo de expansión.
El comportamiento de los dos subsectores que componen la industria ayuda a entender ese matiz. La fabricación de productos farmacéuticos de base retrocede un 2,4% respecto al año anterior y la de especialidades farmacéuticas un 2,2%. Este ajuste no afecta por igual a todos los perfiles: la caída se concentra principalmente en operarios y personal de planta, coherente con la automatización, la robotización y la reorganización industrial que están acometiendo muchas compañías. Más que una señal de contracción, refleja un cambio en la estructura productiva que está incrementando la demanda de personal altamente cualificado.
Una industria que tiende a la concentración
A pesar de esta moderación, la industria continúa desempeñando un papel relevante dentro del empleo manufacturero. Más del 4% de los trabajadores de la industria española pertenecen al sector farmacéutico. Su aportación al empleo total del país ronda el medio punto porcentual, pero su impacto económico es muy superior por su peso en exportación, inversión tecnológica e I+D.
Uno de los cambios más significativos está en el número de empresas. En 2019 existían más de 1.300 compañías y en 2025 quedan 951, una caída del 27,8% en seis años. Más que un retroceso, la interpretación más extendida apunta a una concentración del sector: los elevados requisitos de inversión, modernización tecnológica y cumplimiento normativo han favorecido la consolidación en torno a empresas más grandes y competitivas, con estructuras laborales más especializadas.
Si algo distingue al empleo farmacéutico es su estabilidad contractual. El 93% de los asalariados cuenta con un contrato indefinido, un porcentaje prácticamente inédito en el conjunto de la industria española. La temporalidad, del 7%, permanece muy por debajo de la media nacional. La figura del fijo-discontinuo apenas tiene presencia, reflejo del carácter no estacional de la actividad. Esta estabilidad está ligada a la propia naturaleza del sector, donde la continuidad operativa y la acumulación de conocimiento son esenciales para procesos seguros y eficientes.
La contratación también muestra esta lógica. De los más de 7.500 contratos firmados en el segundo trimestre, uno de cada cuatro fue indefinido, una proporción estable desde 2022. Las empresas farmacéuticas han interiorizado que invertir en estabilidad es más eficiente que recurrir a modelos temporales, especialmente en un contexto de fuerte competencia por talento cualificado.
Un empleo muy bien remunerado
Este contexto sitúa al sector farmacéutico y life sciences entre los mejor remunerados, según el Informe de Tendencias Salariales 2026 de Randstad. Algunas posiciones clave superan los 100.000 euros brutos anuales, como directores médicos, responsables de patentes e I+D o directores comerciales, de márketing o institucionales. En términos generales, el sector presenta sueldos por encima de la media nacional.
Otro rasgo diferencial es la composición por género. La industria farmacéutica es uno de los pocos espacios manufactureros donde las mujeres son mayoría: representan el 52% de la plantilla, frente al 46,7% del total nacional. Sin embargo, el último año introduce un cambio: el empleo masculino creció un 5,5%, mientras que el femenino cayó un 8,5%. Aunque no altera el predominio femenino, sí invita a revisar políticas de retención, promoción y conciliación orientadas a este colectivo.
La cualificación del personal es otra de las señas de identidad del sector. El 58% cuenta con estudios universitarios y un 27% con formación profesional, principalmente de Grado Superior. En total, el 85% del empleo es altamente cualificado. Esta composición se alinea con la evolución del sector hacia plantas más automatizadas, procesos digitalizados y un entorno regulatorio cada vez más complejo que exige perfiles híbridos capaces de integrar ciencia, ingeniería y tecnología.
Más allá de la formación, el informe pone de relieve un aspecto que empieza a inquietar a las compañías: el envejecimiento de la plantilla. El grupo mayoritario ya no es el de 35 a 44 años, sino el de 45 a 54, que representa el 29% del total. Los mayores de 55 años son, además, el grupo que más crece (13,9% interanual). La entrada de jóvenes avanza, especialmente entre 25 y 34 años, pero no compensa las salidas previstas para la próxima década.
El relevo generacional en farma
Este desequilibrio genera un reto de calado: el relevo generacional. En los próximos diez años el sector verá retirarse a miles de profesionales con alta cualificación y experiencia en procesos críticos. La industria deberá atraer talento joven, ampliar los programas formativos y garantizar una adecuada transferencia de conocimiento. El riesgo no es solo cuantitativo: una carencia de perfiles técnicos puede ralentizar el crecimiento y encarecer la expansión productiva.
Otro aspecto relevante es la composición por nacionalidad. El 90% de la plantilla es española y solo un 7% extranjera, un nivel de internacionalización sensiblemente inferior al de otros polos farmacéuticos europeos. Si aumenta la demanda de perfiles STEM, España podría verse obligada a abrirse más a la captación internacional de talento.
La estructura ocupacional confirma el carácter técnico del sector: seis de cada diez trabajadores son técnicos o profesionales científicos. A distancia se sitúan directivos, operadores de maquinaria y personal administrativo. Destacan los técnicos de ciencias químicas, físicas y de ingeniería, los profesionales de ventas técnicas y médicas y los operadores de maquinaria farmacéutica. Esta distribución refleja un modelo productivo con menos mano de obra generalista y más personal especializado.
El absentismo también se monitoriza de cerca. Aunque las tasas generales se sitúan en niveles similares a los del conjunto de la economía, el sector presenta un mejor desempeño en el absentismo por incapacidad temporal, por debajo de la media nacional desde 2022, gracias a la inversión en prevención, ergonomía y regulación interna.
Un sector muy presente en Cataluña y Madrid
En el plano territorial, la industria farmacéutica mantiene una fuerte concentración. Cataluña reúne cerca del 45% del empleo (48.200 personas) y Madrid un 27,5%. Entre ambas suman más de siete de cada diez trabajadores del sector en España, apoyadas en dos grandes hubs industriales y científicos. El resto de comunidades muestra cifras notablemente menores, destacando Castilla y León con unas 6.700 personas por su especialización industrial.
El conjunto de estos datos dibuja un sector sólido pero enfrentado a desafíos profundos. La estabilidad contractual y la alta cualificación siguen siendo fortalezas indiscutibles, pero el envejecimiento de la plantilla, la pérdida relativa de empresas, la escasez de perfiles STEM, el entorno regulatorio complejo y la concentración territorial exigen una reflexión estratégica. Las compañías deberán competir por talento en un mercado más exigente, atraer nuevas generaciones y reforzar su capacidad de formación. El futuro laboral del sector dependerá de su habilidad para combinar innovación tecnológica, renovación generacional y políticas activas de cualificación.
En definitiva, la industria farmacéutica española no se encuentra en un punto de ruptura, sino en un momento de transición silenciosa. Los datos muestran un sector robusto, pero obligado a anticipar sus necesidades laborales en un escenario marcado por la digitalización, la competencia global y la búsqueda constante de talento especializado.
Descarga sugerida:
Artículo escrito por:
Berta Casañe
Responsable de cuentas estratégicas del sector farma
Randstad