Este giro estructural viene impulsado tanto por las nuevas exigencias regulatorias —como la Directiva de Información Corporativa en Materia de Sostenibilidad (CSRD) y los marcos como el ESRS (European Sustainability Reporting Standards)— como por las propias dinámicas del mercado: exigencias de trazabilidad por parte de partners, presión inversora sobre indicadores ESG, y una creciente demanda social por productos desarrollados bajo criterios ambientales y éticos.
Ante este escenario, la digitalización juega un papel determinante. Soluciones como Microsoft Dynamics 365 Business Central han evolucionado para integrar funcionalidades de sostenibilidad ambiental que permiten convertir la gestión medioambiental en un proceso continuo, auditable y vinculado al resto de áreas operativas. Pero más allá de las funcionalidades, la clave está en cómo estas herramientas están reconfigurando la forma en que las farmacéuticas abordan la sostenibilidad.
La sostenibilidad como sistema, no como iniciativa
Históricamente, la gestión medioambiental ha sido una función periférica en muchas compañías farmacéuticas, abordada desde departamentos aislados y basada en informes manuales elaborados con dificultad a partir de datos fragmentados. La CSRD y los estándares ESRS han cambiado esa lógica por completo: exigen información detallada, periódica y verificable sobre una serie de KPIs que abarcan desde las emisiones GEI (alcances 1, 2 y 3), hasta el consumo energético, la eficiencia hídrica, el impacto sobre la biodiversidad o el riesgo climático financiero.
Esto obliga a repensar la sostenibilidad como un sistema interconectado, que debe operar al mismo nivel de rigor que la contabilidad, la gestión de calidad o la planificación de la producción. En ese sentido, la integración en sistemas ERP ya no es una opción tecnológica, sino un imperativo operativo.
KPIs verdes: evolución, contexto y retos
Uno de los cambios más relevantes en la última década ha sido el paso de indicadores genéricos a métricas mucho más precisas, segmentadas y alineadas con los marcos internacionales. Ya no basta con estimar consumos globales o emisiones indirectas por centro: las farmacéuticas deben poder medir y desglosar datos por actividad, por línea de producto o incluso por proveedor.
Aquí es donde entran herramientas como los diarios de sostenibilidad y los scorecards ambientales, que permiten capturar datos periódicos, establecer metas y aplicar fórmulas basadas en factores de emisión homologados. Esto no solo incrementa la precisión, sino que habilita el análisis comparativo, la detección de desviaciones y la automatización de informes para auditorías internas o externas.
No obstante, esta sofisticación también plantea retos significativos:
- Homogeneización de fuentes de datos: muchas empresas operan con sistemas no integrados, lo que dificulta la consolidación de la información ambiental.
- Falta de gobernanza de datos ESG: no siempre está claro qué área lidera la recopilación, validación y análisis de estos datos.
- Capacidades analíticas limitadas: aunque se recojan los datos, no todas las compañías tienen herramientas o perfiles capaces de interpretarlos estratégicamente.
Un nuevo perfil de responsable de sostenibilidad
Este nuevo marco ha transformado el rol tradicional del responsable de sostenibilidad. Lejos de limitarse a funciones de compliance o elaboración de memorias, este perfil se ha convertido en una figura transversal, que necesita comprender el lenguaje financiero, el entorno tecnológico y las implicaciones operativas de cada decisión.
En este contexto, herramientas como los ERPs que integran sostenibilidad no solo ofrecen soporte funcional, sino también una plataforma de trabajo compartida con otras áreas: finanzas, compras, logística o calidad. Gracias a la estandarización de datos y la trazabilidad de los procesos, los responsables de sostenibilidad pueden adoptar un enfoque más proactivo, enfocado en la mejora continua y la anticipación de riesgos.
Las barreras a la digitalización ambiental en farma
Pese a las evidencias de su impacto positivo, la adopción de sistemas digitales para la sostenibilidad no está exenta de barreras, especialmente en el sector farmacéutico:
- Temor al cambio cultural: pasar de una gestión manual a una automatizada exige rediseñar procesos y roles.
- Falta de formación específica: muchos profesionales técnicos no están aún familiarizados con los nuevos entornos digitales.
- Desconfianza sobre el ROI: en algunas organizaciones, todavía se percibe la sostenibilidad como un coste, no como una inversión estratégica.
Superar estas barreras requiere liderazgo interno, alineación con la dirección general y acompañamiento por parte de especialistas en transformación digital que comprendan tanto las particularidades del sector como las exigencias regulatorias.
Mejora continua y ventaja competitiva
Uno de los aspectos más valiosos de la digitalización de la sostenibilidad es su capacidad para alimentar procesos de mejora continua. Gracias a la integración en el ERP, es posible:
- Detectar tendencias de ineficiencia en tiempo real.
- Automatizar alertas cuando se superan ciertos umbrales de consumo o emisión.
- Priorizar inversiones según su impacto ambiental y económico.
- Integrar la sostenibilidad en la toma de decisiones diaria, desde la selección de proveedores hasta el diseño de procesos.
Todo esto contribuye no solo a cumplir, sino a diferenciarse. En un entorno como el farmacéutico, donde la reputación, la calidad y la eficiencia operativa son claves, ser capaz de demostrar sostenibilidad con datos verificables se ha convertido en un activo estratégico.
Conclusión: una sostenibilidad conectada, auditable y transformadora
La sostenibilidad en la industria farmacéutica está evolucionando de forma acelerada, impulsada por cambios normativos, tecnológicos y culturales. En este nuevo paradigma, la medición rigurosa, la trazabilidad de datos y la integración digital ya no son elementos opcionales: son condiciones necesarias para avanzar.
Herramientas como Business Central, con funcionalidades específicas para la gestión ambiental, muestran el camino hacia una sostenibilidad integrada, alineada con los sistemas financieros y operativos. Pero su valor real no reside solo en la tecnología, sino en cómo permite a las organizaciones evolucionar hacia una gestión más coherente, conectada y estratégica.
Para lograrlo, no basta con adoptar herramientas: es necesario transformar la cultura organizacional, capacitar a los equipos y apostar por una visión de futuro que sitúe a la sostenibilidad no en los márgenes del negocio, sino en su centro.
Artículo escrito por:
Marqués