Poco descubriremos si constatamos el tamaño y potencial de la industria farmacéutica hoy en día. Un mercado que aporta 2,5 billones de dólares al PIB mundial y casi el 2% del PIB español. Que es uno de los principales dinamizadores de la investigación, la innovación y el empleo. Y que tiene como fin último ayudar a las personas a vivir más y mejor. Sin embargo, ya advirtió Shakespeare que, siendo excelente tener la fuerza de un gigante, el problema es cómo utilizarla. Este sector, esencial para la vida, el bienestar y el desarrollo económico, es un gigante en su realidad actual y en sus oportunidades, pero necesita canalizar la fuerza que utiliza.
La industria farmacéutica es ahora más compleja que nunca. Hoy tenemos poblaciones más longevas, nuevas medicinas que aparecen, presiones de costes, regulaciones cambiantes, presupuestos públicos ajustados y una creciente orientación hacia la sostenibilidad. Mientras la necesidad de nuevos medicamentos se incrementa en todo el planeta, su producción conlleva una significativa huella ambiental. Los actuales sistemas de salud contribuyen aproximadamente al 5% de las emisiones mundiales, y el sector genera un 55% más de CO2 por cada euro de negocio que genera que la industria del automóvil.
Diagnostican los expertos que son tres los desafíos principales que afrontan las empresas farmacéuticas en relación con su impacto ambiental: sus procesos implican un elevado consumo energético; requieren grandes volúmenes de agua para la producción, limpieza y refrigeración; y generan residuos químicos que a veces pueden resultar dañinos y han de gestionar adecuadamente. La Agencia de Salud de la ONU ha lanzado la recomendación de adoptar técnicas de producción más limpias, rediseñar los procesos e invertir en energía renovable para la fabricación de medicamentos.
Consumo de agua
Por lo que respecta al consumo de agua, pensemos, por ejemplo, que mientras una empresa cervecera necesita un 1,5 litro de agua para producir un litro de cerveza, lo que se necesita para producir un litro de anticuerpos monoclonales -componente clave en medicamentos contra el cáncer, la artritis o la esclerosis múltiple- es alrededor de 7.000 litros de agua. Este dato nos dice bastante del desafío que han de afrontar estas empresas.
El agua es, efectivamente, un ingrediente esencial para la industria. Pero es crítico hoy en día optimizar su uso. Por ello, el diseño, la instalación, la puesta en marcha y la validación de los equipos higiénicos para sistemas de agua farmacéutica son fundamentales si se quiere asegurar el funcionamiento seguro, continuo y eficiente de las fábricas, así como la calidad del producto final. Es primordial que los sistemas de agua farmacéutica eviten condiciones que comprometan su calidad, con la esencial condición de que realicen una recirculación continua con flujos turbulentos y sin puntos muertos. Asimismo, esos equipos han de cumplir con las Buenas Prácticas de Fabricación (GMP) y las Buenas Prácticas de Documentación (GDP) en cuanto a materiales, acabados superficiales, soldaduras, facilidad de limpieza y documentación.
Equipos de agua farmacéutica
En el mercado ya existen, a disposición de la industria, equipos capaces de asegurar que nunca falte agua de alta calidad en el punto de uso, con el caudal y la temperatura requeridos. Que permiten dar solución a problemas derivados de la contaminación, el desgaste, el consumo de energía y las emisiones medioambientales. Y que facilitan aspectos como la instalación, la validación y el mantenimiento. Es importante, además, que reduzcan al mínimo riesgos como el óxido rojo o la biopelícula, que pueden llegar a comprometer la seguridad de los tratamientos.
Si Tales de Mileto aseguró que el agua es el principio de todas las cosas, nosotros podríamos decir que es el principio de la sostenibilidad. Las buenas prácticas que demanda la industria pasan por diseños higiénicos, sin puntos muertos, grietas, cavidades u otras áreas difíciles de limpiar. El acero inoxidable de alta calidad se erige como el material más idóneo, con un buen acabado superficial que permita fuerzas de cizallamiento máximas, con el fin de generar flujos turbulentos que reduzcan el riesgo de biopelículas. Se trata, además, de mantener los sistemas de agua caliente siempre dentro de los rangos de temperatura idóneos para el proceso, lo que permitirá optimizar el consumo energético y tener equipos más duraderos.
La tecnología está ahí para ayudar a las empresas farmacéuticas a reducir el consumo energético, en este caso de agua, sin dejar de ser eficientes. Pero tengamos siempre en cuenta que avanzar hacia la sostenibilidad requiere colaboración entre los líderes de la industria, los organismos reguladores y los consumidores. Las empresas que adopten la innovación para lograr procesos más limpios no sólo contribuirán a la preservación ambiental, sino que también mejorarán su eficiencia operativa y su competitividad. Todos esos factores de éxito se sumarán y contribuirán al que da verdadero sentido a esta industria: cuidar a las personas y mejorar vidas.
Artículo escrito por:
Javier Ortiz
director general
Alfa Laval Ibérica