El presidente de los Estados Unidos, Donald Trump, ha firmado una orden ejecutiva histórica el pasado 18 de diciembre de 2025 que instruye a las agencias federales a reclasificar el cannabis de la Lista I a la Lista III de la Ley de Sustancias Controladas. Este cambio supone el reconocimiento formal de su valor médico y sitúa a la planta en la misma categoría que fármacos como la ketamina o los esteroides anabólicos, lo que facilita enormemente la investigación clínica y el desarrollo de nuevos medicamentos.
Aunque la medida no supone una legalización recreativa federal, sus implicaciones económicas son masivas. Al salir de la Lista I, las empresas del sector dejarán de estar sujetas al artículo 280E del Código Fiscal, permitiéndoles deducir gastos operativos y mejorando drásticamente su rentabilidad. Para la industria farmacéutica, este nuevo marco reduce las barreras para ensayos clínicos, permite la supervisión directa de la FDA y abre la puerta a la integración del cannabis medicinal en sistemas como Medicare.
Desde el sector europeo, Raúl del Pino, director de comunicación de Spannabis, señala que este movimiento actuará como un catalizador global. La normalización en EE. UU. —un mercado de 32.000 millones de dólares— impulsará la inversión en I+D de cannabinoides y obligará a Europa y España a acelerar sus marcos regulatorios para no perder competitividad en una cadena de valor que ahora cuenta con una mayor previsibilidad jurídica y financiera.